“Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a si mismo en rescate por todos…”
1 Timoteo 2:5-6
¿Mediador? ¿Qué es un mediador? Sorprendentemente, esa palabra no se encuentra en el diccionario New Word de Webster. Con la excepción de la versión Reina Valera de la Biblia, tampoco puedes encontrarla en el Antiguo Testamento. La versión RV usa la palabra “árbitro” en Job 9:33 y la nueva versión internacional dice “alguien para arbitrar”, que parece más como una interpretación que una traducción. La palabra se registra 6 veces en el Nuevo Testamento: Gálatas 3:19-20, 1 Timoteo 2:5; Hebreos 8:6; 9:15; 12:24. Moisés es el mediador que se menciona en Gálatas. Jesús es el mediador en 1 Timoteo y Hebreos.
Un mediador es un intermediario un mensajero. En 1 Timoteo 2:5 el mediador esta “entre Dios y los hombres”. El mediador es “Jesucristo hombre”.
La necesidad de un mediador
Los hombres y mujeres necesitan un mediador debido al pecado. “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios”. Romanos 3:23. El pecado puede no pesar mucho en los corazones de mucha gente, algunos en realidad se regocijan en su maldad, pero tiene consecuencias graves. Crea un abismo entre Dios y el hombre. El profeta Isaías lo puso de esta manera: “Pero vuestras inequidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír…”. Isaías 59:2.
A los pecadores se los describe como “extraños (de Dios) y enemigos (de Dios)… haciendo malas obras”. Colosenses 1:21. Están en un estado de enemistad contra Dios. Romanos 8:9. La ira de Dios cuelga sobre sus cabezas. “Cosas por las cuales (pecados de la carne) la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia”. Colosenses 3:6. ¡Qué situación más temerosa sufrir la ira de Dios y estar eternamente separado de Él! “Y piensas esto, oh hombre,…que tu escaparás del juicio de Dios! Romanos 2:3.
Se necesita de un cambio mutuo entre el hombre pecador y este Dios santo. Se debe cambiar la hostilidad del pecador hacia Dios y la desobediencia a Él. Un cambio de actitud y dirección es absolutamente necesario. También debe ocurrir una eliminación del desagrado de Dios contra los pecadores. Debe haber una reconciliación en vez de la ira de Dios. Debido a su santidad Dios no puede ser indiferente al pecado. Debe haber un mediador para traer este cambio.
Las cualidades de un mediador
No cualquiera puede ser un mediador. Debe tener cualidades para representar a la humanidad como hombre. El mediador no es otro más que “Jesucristo hombre”. El no es “el Salvador Jesucristo” o “el rey Jesucristo”, sino “el hombre”.
Sabemos que Adán fue el primer hombre, y que desobedeció a Dios en el jardín. Su pecado tuvo gran significado sobre toda la humanidad. En Romanos 5:12 leemos, “Por tanto como el pecado entro en el mundo por un hombre (Adán), y por el pecado la muerte, así la muerte paso a todos los hombres por cuanto todos pecaron (en Adán)”. También, “Pues por si la transgresión de uno solo reino la muerte… Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres… Porque así como la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores”. Romanos 5:17-19. La humanidad comparte las consecuencias del pecado de Adán
Era necesario que el mediador fuera más que un individuo entre muchos, como un enlace en una cadena. Tenía que servir como un representante del hombre. Adán representaba el hombre como “el primer hombre”. El hombre Jesucristo es “el postrer Adán, … el segundo hombre. 1 Corintios 15:45-47.
El trabajo del mediador
El mediador, el hombre Jesucristo “se dio a sí mismo en rescate por todos”. 1 Timoteo 2:6. De acuerdo a Mateo 20:28 “el Hijo del Hombre no vino para ser servido; sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.
A lo largo de los siglos los teólogos han especulado “¿A quién Jesús pagó el rescate? ¡Una pregunta tonta! Él no pagó rescate a nadie. La palabra rescate es una metáfora, que expresa el tremendo costo de nuestra redención. Al darse a sí mismo nosotros fuimos redimidos “comprados por precio”. 1 Corintios 6:20; 7:23. Nuestra redención vino a un gran precio, es decir “con la sangre preciosa de Cristo”. 1 Pedro 1:19. El rescate de si mismo tenía el valor para Dios del castigo de los pecadores en virtud de su unidad con toda la humanidad. El hombre pecador, separado y hostil a Dios, se reconcilió con Dios sin merecerlo por medio del sacrificio de Cristo sobre la cruz.
De manera objetiva, Dios cesa de evaluar a los hombres sus pecados en la base de lo que Cristo hizo en el Calvario, donde murió por nuestros pecados. “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilio consigo mismo por Cristo… que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo…”. 2 Corintios 5:18-19. De modo subjetivo se predica el mensaje de reconciliación. “Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”. 2 Corintios 5:20.
El mediador hizo su trabajo de redención y reconciliación. Con la reconciliación viene la renuncia de la ira de Dios sin la cual no podría haber restauración de relaciones pacificas entre Dios y el hombre. El mediador entre Dios y el hombre hace las paces por medio de la sangre de su cruz.
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Un mediador
Hay un solo “mediador entre Dios y los hombres”, no dos o tres o más. ¡Solo uno! Es “Jesucristo hombre”. El hombre pecador puede solo venir a Dios por medio del Hijo. Es el único camino al Padre. En términos que no dejan dudas Jesús dijo, “Yo soy el camino y la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mi”. Juan 14:6.
Este mensaje no es popular. No lo fue durante el primer siglo en Roma. Los romanos eran politeístas. Probablemente hubieran aceptado a Jesús como un profeta o como uno de sus muchos dioses. Los primeros cristianos fueron perseguidos y muchos martirizados porque creían en el camino, Jesús. Por ejemplo, en Éfeso “Hubo por aquel tiempo un disturbio no pequeño acerca del Camino”. Hechos 19:23.
Hoy en día vivimos en una edad de pluralismo, rodeados por supermercados de fes. El mundo se convirtió en una villa global. Algunas religiones han incorporado a Jesucristo en sus creencias comúnmente como un profeta o gran maestro. No lo aceptan como el único mediador entre Dios y el hombre. Niegan su deidad y su muerte sobre la cruz por nuestros pecados.
Algunas de las convicciones liberales son de la opinión que “el cristianismo debería ser eliminado de la creencia tradicional occidental de que el cristianismo es único”, un punto de vista que el historiador inglés Arnold J Toynbee apoya.
Pero el cristianismo es único. Su naturaleza única se encuentra en el hombre Jesucristo. Fuera del cristianismo y Jesucristo, ¿conoces a un Dios cuyo amor se extiende a cargar con los pecados y culpa de la humanidad? Dios hizo en la cruz lo que nadie más podría hacer por cada ser humano pecador.
¿Por qué deberías creer esto? Hay una sola respuesta. Porque es verdad. Puedes aceptar al Señor Jesucristo como tu mediador, tu Salvador, tu Señor. ¡Reconcíliate con Dios!
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