La mujer del pozo

Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Lucas 19:10. Jesucristo vino al mundo a salvar a los pecadores. Él dijo, “Los sanos no tienen necesidad del médico, sino los enfermos… Porque no he venido a llamar a justos sino a pecadores, al arrepentimiento”. Mateo 9:12-13. Tenemos una demostración de esta verdad en el cuarto capítulo de Juan.

Jesús y sus discípulos salieron de Judea para ir al norte, a Galilea. La mayor parte de los judíos viajaban al este evitando Samaria. “Y le era necesario pasar por Samaria”. Juan 4:4. Fue a Sicar, una pequeña ciudad, donde Jacob, el patriarca, había cavado un pozo. Sus discípulos fueron a la ciudad a comprar comida. Jesús estaba solo, descansando en el pozo de Jacob. “Era como la hora sexta”. Juan 4:6. La hora sexta no era las seis de nuestro tiempo, sino el mediodía.

 

Una mujer samaritana

Vino una mujer de Samaria a buscar agua…”. Juan 4:7. Jesús se dirigió a ella como “Mujer” en el versículo 21. A diferencia de Nicodemo, el fariseo religioso de Juan 3, no conocemos su nombre.

Jesús tomo a la mujer por sorpresa, cuando Él hizo algo insólito. Le pidió un trago de agua. “La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tu siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí”. Juan 4:9.

Los samaritanos eran descendientes de los judíos, que se casaban entre sí con paganos después de la caída de Israel varios cientos de años antes. No eran de pura raza judía. Eran despreciados por los judíos, quienes nunca beberían de la taza de un samaritano. Un rabí judío preferiría estar sediento que pedirle a una samaritana un trago de agua. Una ley rabina del 66 AD declaraba que las mujeres samaritanas estaban continuamente menstruando y por lo tanto eran impuras.

La mujer de Samaria estaba totalmente consciente de los muchos prejuicios que los judíos tenían hacia ellos. Eso fue lo que hizo la petición de Jesús tan inesperada.

Sería bueno memorizar la respuesta de Jesús  a la mujer, como se registró en Juan 4:10. “Si conocieras el don de Dios y quien es el que te dice: Dame de beber, tu le pedirías, y él te daría agua viva”. Jesús le dijo a la mujer del pozo que había dos cosas que ella necesitaba saber (1) el don de Dios y (2) quien es Jesús. Jesús elaboró en el don en el versículo 14 al decir, “mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”.

 

Una mujer pecadora

La mujer no tenía idea de lo que Jesucristo estaba hablando. Aquellos que nunca nacieron de nuevo del Espíritu Santo no entienden las cosas espirituales. 1 Corintios 2:14. Ella preguntó, “Señor no tienes con que sacarla y el pozo es hondo. ¿De dónde pues, tienes el agua viva?” (Los arqueólogos descubrieron el pozo de Jacob y se encontraron con que es casi 100 pies de profundidad). “Jesús respondió y le dijo: “Cualquiera que bebiera de esta agua volverá a tener sed “. Juan 4:13. Ella contestó, “Señor dame de esa agua para que no tenga yo sed, ni venga a aquí a sacarla”. ¡Qué tarea era sacar agua de ese pozo profundo día tras día! Ella quería esa agua viva para que ella no tuviera que sacarla del pozo de Jacob otra vez. Le pidió a Jesús de esa agua.

El don de Dios, el agua viva, es el Espíritu Santo. Esto es claro en Juan 7:37-39. “En el ultimo día… Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mi como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva”. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él…”

La mujer del pozo tenía un problema de pecado. Jesús lo trajo a la luz, cuando Él continuo, “Ve, llama a tu marido, y ven acá”. La mujer contestó, “no tengo marido”. El Señor dijo, “Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco marido has tenido y el que ahora tienes no es tu marido”. El reconocimiento del pecado precede al arrepentimiento del mismo.

En vez de arrepentirse de su pecado, de pronto se convierte en religiosa. “Le dijo la mujer: Señor, me parece que tu eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar”. Juan 4:19-20. Hoy en día algunas personas dirían “estoy confundido. Hay muchas denominaciones. ¿Cuál iglesia es la correcta?”. Como la mujer samaritana, ellos preferirían hablar de religión antes que arrepentirse. Para algunos es más fácil y más conveniente ir a la iglesia que volverse a Cristo.

“Jesús le dijo; mujer créeme que la hora viene, cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorareis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene y, ahora es, cuando los verdaderos adoradores, adoraran al Padre en Espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu y los que lo adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren”. Juan 4:21-24.

La mujer del pozo responde con una declaración que en realidad es una pregunta. “Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías; llamado el Cristo, cuando el venga nos declarará todas estas cosas”. En realidad ella preguntó ¿Eres el Cristo?.

Aquellos que niegan la deidad de Cristo enseñan con frecuencia que Jesús nunca afirmó ser el Mesías. ¡Están equivocados! “Jesús le dijo: yo soy el que habla contigo”.

La mujer pecadora de Samaria entendió el mensaje.

 

Una mujer salva

La mujer estaba tan entusiasmada que dejó el cántaro en el pozo y corrió a la ciudad. Al dirigirse a los hombres ella hizo una pregunta, que en realidad era una declaración. “Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?”. Juan 4:29. En esencia ella decía “este hombre es el Cristo”.

¿Cuánto tienes que saber para ser un testigo de Cristo? ¡Qué simple! “Venid, ved…” fueron también las palabras de Jesús a Juan y Andrés en Juan 1:39 “Venid y ved”.

Dios bendijo el testimonio de la mujer. “y muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en el por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho”. Juan 4:39.

“Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedo allí dos días. Y creyeron muchos más por la palabra de él, y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo.” Juan 4:40-42.

Jesucristo salva a los judíos, samaritanos y paganos gentiles. Él salva a los jóvenes, viejos, hombres y mujeres, blancos y negros, a los apartados y los vagabundos. Él es el único Salvador del mundo.

Esta mujer samaritana parecía como una candidata contraria para la salvación. Recordarás que Jesús y la mujer se encontraron al mediodia. En el clima caliente y seco de Samaria las mujeres comúnmente sacaban agua en las horas frías de la mañana. Esta mujer sacaba agua sola. La miraban como a una mujer inmoral, que vivía en pecado. A los ojos de otros ella parecía estar perdida sin esperanza.

“Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo vino al mundo para salvar a los pecadores”. 1 Timoteo 1:15. Los hipócritas santurrones son como las tumbas blanqueadas, llenas de huesos e impureza. Los cobradores de impuestos corruptos y las prostitutas entrarán al reino de Dios antes que ellos. Jesús salva a los pecadores.

Él buscó a una mujer pecadora samaritana junto al pozo. Hoy en día todavía busca a los perdidos. Él recibe a los pecadores. ¿Lo recibirás tú? “Buscad a Jehová mientras pueda ser hallado, llamadle en tanto que está cercano”. Isaías 55:6. “Porque todo el que invocare el nombre del Señor será salvo”. Romanos 10:13.

 

 

Translated by:

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