Génesis 11:1-32
Nimrod era el bisnieto de Noé. “Quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra. Este fue poderoso cazador delante de Jehová… Y fue el comienzo de su reino Babel…” Génesis 10:8-10.
Su compañía había viajado desde el este hasta una llanura en la tierra de Sinar, donde se establecieron. Ya que había ladrillo en lugar de piedra y asfalto en lugar de mezcla, ellos dijeron, “Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo…, por si fuéramos esparcidos sobre la faz de toda la tierra”. Génesis 11:4. No hay nada malo en construir ciudades y torres. Sin embargo, sus planes eran contrarios al propósito de Dios para ellos. Le había dicho antes a Noé y a sus hijos, “Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra”. Se les encargó a ir y difundir el conocimiento de Dios por toda la tierra. En cambio, se obsesionaron con su auto-preservación. Su rechazo a ser diseminados al extranjero expresaba un espíritu desafiante hacia el Señor.
Estaban tan absorbidos por su auto exaltación al decir, “Hagámonos un nombre”. Esta torre al cielo se convertiría en el símbolo de fama de ellos. Algunos maestros de la Biblia creen que la torre era una pirámide con escaleras caracol que llegaban a la cima, donde se ofrecían sacrificios en un altar pagano. El propósito principal para construir la torre no era para adorar algunos dioses, sino para promoverse a sí mismos.
Los ciudadanos orgullosos de este reino estaban a punto de auto destruirse. Dios había decidido “Nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer”. Cada vez que uno piensa y actúa fuera de la voluntad buena, aceptable y perfecta de Dios, el resultado inevitable es trágico. Dios puede ejecutar su juicio al darnos lo que le exigimos. El camino de los transgresores siempre es difícil.
Encontramos algo de humor en Génesis 11:7, donde Dios dice, “Descendamos…” Los ciudadanos ambiciosos de Babel estaban construyendo una torre alta con entusiasmo la cual ellos creían se extendería hasta los cielos. No sabemos qué tan alta fue la torre, pero sí sabemos que Dios bajó a mirar. Sin duda, Él tuvo que inclinarse y agacharse para verla. Por supuesto.
Hasta ese momento, “Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras”. Génesis 11:1. Pero Dios cambió todo eso en Babel. Confundió su idioma, para que ellos no se pudieran entender. Hoy en día hay más de 3,000 idiomas y dialectos en el mundo.
Con la confusión vino la dispersión. “Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad”. Génesis 11:8. Dios tiene sus maneras de cumplir su propósito en el mundo.
En conclusión, considera Isaías 57:15, que dice, “Porque así dice el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados”.
Dios Alto y Santo, no hay nadie como tú. Aprendimos que tú resistes al orgulloso y das gracia al humilde. Despierta dentro de nosotros un espíritu humilde y contrito que te honre en todo lo que hacemos. En el nombre de Jesús. Amén.
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