Génesis 6:1-22
Génesis 6 comienza al revelar la absoluta depravación del hombre. “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal”. Génesis 6:5. Continúa, “Y se corrompió la tierra delante de Dios y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra y he aquí que estaba corrompida; porque toda la carne había corrompido su camino sobre la tierra.” Génesis 6:11-12.
Caín y Abel eran los hijos de Adán y Eva. Caín mató a su hermano cuando se enojó debido a que Dios no estimó su ofrenda. Génesis 4:1-8. Más tarde un descendiente de Caín llega a la escena. Su nombre es Lamec. Era polígamo, quien se dirigía a sus mujeres de esta manera, “Y dijo Lamec a sus mujeres: Ada y Zila oíd mi voz; mujeres de Lamec escuchad mi dicho; que un varón mataré por mi herida, y un joven por mi golpe”. Génesis 4:23. Había matado a alguien. Parece que la violencia había escalado sin impedimento.
¿A Dios le importaba? Por supuesto. “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra y le dolió en su corazón”. Génesis 6:6.
Sin embargo, el juicio vendría en la forma de un diluvio. El Señor le dijo a Noé: “Y he aquí yo traigo un diluvio de aguas sobre la tierra, para destruir toda carne en que haya espíritu de vida debajo del cielo: todo lo que hay en la tierra morirá”. Génesis 6:17.
Pero descubrimos a un hombre que encontró el favor de Dios. Su nombre era Noé, el hijo de Lamec. “Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones, con Dios caminó Noé.” Génesis 6:9. Ni la generación más joven o la más vieja corrompieron su vida. ¡Qué logro en los días oscuros que vivió!
El Dios que se apenaba también era muy sufrido. El advirtió, “No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne, mas serán sus días ciento veinte años”. Génesis 6:3. El Señor le dio a la gente ciento veinte años para que se vuelvan a Él.
Dios no se regocija en la muerte del malo. Un Dios de liberación le dijo a Noé, “Hazte un arca de madera de gofer…”. El arca debía ser de 300 codos de longitud, 50 codos de anchura y de tres pisos. El apóstol Pedro se refirió a Noé como “pregonero de justicia”. 2 Pedro 2:5. Por años cada golpe de martillo era un llamado al arrepentimiento. Este hombre justo, que caminó con Dios no tenía convertidos excepto en su propia familia. En Hebreos 11:7 leemos, “Por la fe Noé, cuando fue advertido de Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe.”
Jesús nos recordaría, “Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.” Mateo 24:37-39.
Señor que apenado debes estar de esta generación. Eres muy sufrido y paciente con nosotros. Úsanos en nuestras vidas diarias como predicadores de justicia. Muévenos con una reverencia santo hacia ti. En el nombre de Jesús. Amén.
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