Los Diez Mandamientos eran la ley de la tierra de Israel. Fueron registrados para nosotros en Éxodo 20:1-17. En Juan 1:17 leemos, “Pues la ley por medio de Moisés fue dada”. Él recibió la ley de Dios en el monte Sinaí. El apóstol Pablo escribió en Romanos 7:12, “De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno”. No había nada malo con los mandamientos de Dios. La obediencia del hombre no era buena a los mandamientos. Muchos judíos buscaron una relación recta con Dios por medio de guardar la ley, pero todos fallaron. Pecaron.
¿Cuál era el propósito de la ley? ¿Por qué se dio? “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a todos los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”. Romanos 3:19-20. La leyno fue dada como una forma de ser recto con Dios. Fue dada para revelar el pecado del hombre, para mostrarle al hombre su necesidad de salvación.
En otro lugar, Gálatas 3:23, encontramos que “Pero antes que viniese la fe”, es decir, antes de creer en Jesús, “la ley ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo”. La ley nos enseñó que somos pecadores que necesitamos ser salvos. La ley es como un espejo. Nos miramos al espejo y nos damos cuenta que nuestra cara está sucia. El espejo revela la suciedad, pero no puede limpiarla. Cuando vemos la suciedad, nos damos cuenta que tenemos que limpiarnos. El mensaje de la ley es este: “No puedo salvarte. Necesitas un Salvador. Su nombre es Jesús. Vuélvete a él, y confía en Él para la purificación, perdón y salvación. Él te salvará”.
Las buenas noticias es que “Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo”. Gálatas 3:25. No estamos bajo la ley, sino bajo la gracia. Romanos 6:14. Cuando Jesús murió en la cruz, el “anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz”. Colosenses 2:14. “porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree”. Romanos 10:4.
Mientras todo esto es maravillosamente verdadero, el Nuevo Testamento menciona otras leyes por las cuales debería vivir el cristiano.
La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús
“Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús
me ha librado de la ley del pecado y de la muerte”.
Romanos 8:2.
¿Cuál es la ley del pecado y la muerte? Es la ley de Moisés, en especial los Diez Mandamientos. En el capitulo anterior se hace referencia a la ley que dice, “No codiciaras”. Romanos 7:7. Este es uno de los Diez Mandamientos. Bajo la ley el mandamiento revelaba el pecado y acarreaba la muerte. Romanos 7:8-11.
La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús nos hizo libre. Los cristianos no fueron libres para pecar, sino del pecado. Los creyentes nacieron del Espíritu. El nos despertó. Nos hizo vivos en Cristo. El Espíritu de Dios es el Espíritu Santo. Como ya aprendimos, Él habita en cada creyente.
La ley de la libertad
“Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad,
y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra,
éste será bienaventurado en lo que hace”
Santiago 1:25.
Se llamó al libro de Gálatas “la Constitución de la libertad cristiana”. Los falsos maestros entraron en las iglesias de Galacia, predicando un falso evangelio de obras. Se declaró a la circuncisión necesaria para la salvación. Pablo desmintió esta enseñanza, al demostrarles a los creyentes en Galacia que los cristianos no están bajo la ley, sino que son libres de ella. Uno de los versículos más importantes en este libro es Gálatas 5:1, que dice, “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de la esclavitud”.
¿De qué nos hizo libres Cristo? “Dios envió a su Hijo…nacido bajo la ley para que redimiese (liberar al pagar un precio) a los que estaban bajo la ley…”Gálatas 4:4; 5. Somos libres de la ley por medio de la muerte de Cristo.
Los cristianos no pueden involucrarse en un “yugo de esclavitud”. ¿Cuál es el yugo de esclavitud? La ley.
Escucha a Jesús cuando habla a la complicada gente de su tiempo. “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cansados, y yo os haré descansar”. Mateo 11:28.
La ley del amor
“Un mandamiento nuevo os doy: Que nos améis unos a otros;
como yo os he amado, que también os améis unos a otros.”
Juan 13:34.
Se llama a la ley del amor “la ley real”. Aquellos que cumplen esta ley aman a su prójimo como a sí mismos, y les va bien. Ver Santiago 2:8; y Levítico 19:18. Pablo escribió a los galatas, “Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amaras a tu prójimo como a ti mismo”. Gálatas 5:14.
A los cristianos se les ordena amarse unos a otros. Esto no es difícil de hacer cuando vivimos de acuerdo al Espíritu de vida en Cristo Jesús, porque “el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado”. Romanos 5:5. El fruto del Espíritu se manifiesta en nuestras vidas cuando vivimos en el Espíritu y caminamos en el Espíritu. “Mas el fruto del Espíritu es amor…”. Gálatas 5:22. No hay ninguna ley en contra de esto.
La ley de la fe
¿Dónde, pues, esta la jactancia? Queda excluida.
¿Por cuál ley? ¿Por la de las obras? No sino, por la ley de la fe.
Romanos 3:27.
Ahora debería estar claro que nadie tiene una relación recta con Dios al guardar la ley. Si fuera posible, esa persona tendría derecho de jactarse. Pero no es posible. Solo podemos pararnos de manera recta delante de Dios por medio de la fe en Cristo, no por medio de las obras de la ley. Jesucristo, el Hijo de Dios, hizo toda la obra en la cruz del Calvario. Aceptamos por fe su obra terminada, y le damos toda la gloria.
En Habacuc 2:4 encontramos un versículo que se cita tres veces en el Nuevo Testamento. Dice “mas el justo por su fe vivirá”. Ver también Romanos 1:17; Gálatas 3:11, Hebreos 11:38.
¿Cómo vivimos la vida cristiana? “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregóa sí mismo por mí.”. Gálatas 2:20 (letras en negrita para hacer énfasis).
Hay dos hoyos que evitar en la autopista de la vida. Por un lado tenemos el hoyo del legalismo. Aquí caemos en el hoyo de los judíos religiosos, que trataron de establecer su propia rectitud al guardar la ley de Moisés. Por el otro lado tenemos el hoyo del libertinaje. Fuimos llamados a la libertad, pero no a usar nuestra libertad como una oportunidad para la carne.
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