Los hijos de Israel expresaron sus sentimientos acerca de la adoración del templo en Jerusalén al decir "¡Oh que fastidio!". Eran adoradores fastidiosos que miraban con desagrado a las cosas de Dios. ¿Porque la adoración era tan aburrida?
Dudaban del amor de Dios por ellos. El Señor les dijo "Yo os he amado". Ellos respondieron "¿En qué nos amaste?".
El dialogo ocurrió en los días de Nehemías. El pueblo era parte de un remanente que había vuelto a Israel de la cautividad en Babilonia. La ciudad de Jerusalén había sido reconstruida así como también el templo. El pueblo había construido sus propias casas y disfrutaban de una medida de paz y prosperidad. En el libro de Malaquías no se hace referencia a los enemigos de Israel o a un conflicto armado. Parece que la muralla destruida alrededor de la ciudad había sido reconstruida en su totalidad, al proveerles un sentido de seguridad. La vida era con seguridad mejor en Israel que en Babilonia. Sin embargo, los israelitas cuestionaban el amor de Dios.
Deshonraban a Dios en la adoración. Los animales que eran cojos, ciegos o con serios defectos no se debían ofrecer. Tenían que ser perfectos para ser aceptados. Véase Levítico 22:21 y Deutoronimio 15:21. El fuego ardía en el altar en el templo en Jerusalén, pero los sacrificios que se hacían estaban contaminados. El pueblo traía "lo hurtado, o cojo, o enfermo" y los sacerdotes los aceptaban. ¿Es sorpresa que Dios dijera "El hijo honra al padre, y el siervo a su Señor . Si pues, yo soy padre, ¿adonde esta mi honra? Y si soy Señor , ¿adonde está mi temor?". El Señor no era honrado.
La complacencia entre los adoradores fastidiados era compartida por todos. Considera Malaquías 1:10. El Señor preguntó:"¿quién también hay de vosotros que cierre las puertas o alumbre mi altar de balde?". Piensa en esto. Dios prefería tener las puertas del templo cerradas antes de que ofrecieran los sacrificios contaminados. Nadie se levantó para cerrar las puertas del templo. Los adoradores continuaron con su rutina monótona.
Dios dijo que su nombre sería grande entre las naciones, desde donde el sol nace hasta donde se pone. Sería magnificado mas allá de los límites de Israel.
¿Amas a Dios? ¿Te das cuenta y reflexionas acerca de su gran amor por ti? ¿El es honrado en tu respetuoso servicio para El? ¿Oras creyendo que El te escucha? ¿Te has presentado a ti mismo como "un sacrificio vivo, santo, aceptable a Dios"? ¿Eres un adorador fastidioso?
Amante Padre, acepta el sacrificio de alabanza de nuestros labios y nuestros corazones. Te amamos, porque Tu nos amaste primero. Libranos de caer en una ruta religiosa en nuestra adoración. En el nombre de Jesús, amen.
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