Éxodo 36:1-38
Un estudiante de una universidad cristiana trabajaba medio tiempo como un administrador de circulación para un periódico semanal. La mayoría de los repartidores eran adolescentes, que trabajaban unas pocas horas a la semana por unos pocos dólares. El estudiante le testificó a un repartidor, diciéndole que él era un pecador delante de Dios y necesitaba ser salvo. El muchacho le contestó: “yo sé que pequé pero no siempre soy malo”.
Los hijos de Israel tuvieron sus subidas y bajadas, sus buenos tiempos y los malos. Obedecían a Moisés, cuando él les dijo que aplicaran la sangre en la institución de la Pascua. Fue también por fe que cruzaron el Mar Rojo, y cantaron una canción de liberación. No siempre eran malos.
Sin embargo, se quejaban y quejaban y quejaban y quejaban. Moisés estaba casi exhausto de su constante queja. Lo encontramos constantemente clamando y clamando y clamando al Señor. Descargaba su carga pesada por medio de la oración.
Los judíos eran gente generosa. Cuando Aarón les pidió que dieran sus zarcillos de oro para que hicieran un becerro de oro “todo el pueblo apartó los zarcillos oro que tenían en sus orejas y los trajeron a Aarón”. Éxodo 32:3.
Aquí en Éxodo 36 era tiempo de construir el tabernáculo. Los artesanos fueron a trabajar gustosamente, de acuerdo a sus habilidades, y el pueblo “y ellos seguían trayéndole ofrenda voluntaria cada mañana”. Las ofrendas eran de un “corazón voluntario”. Véase Éxodo 35:5, 21-29.
Los hijos de Israel dieron tanto que los artesanos fueron a Moisés y dijeron “El pueblo trae mucho más de lo que se necesita para la obra que Jehová ha mandado que se haga”. ¡Más de lo que se necesita! Imagínate como algunos líderes de la iglesia responderían a semejante generosidad hoy. Muy pocos le dirían a la gente que paren de dar. En cambio, probablemente harían planes para un programa de ampliar el edificio de la iglesia. La mayoría siempre quiere más.
Pero, “Entonces Moisés mandó pregonar por el campamento, diciendo: Ningún hombre o mujer haga más para la ofrenda del santuario. Así se le impidió al pueblo ofrecer más: pues tenían material abundante para hacer toda obra y sobraba”. Éxodo 36:6-7.
En el Nuevo Testamento leemos, “Cada uno de cómo propuso en su corazón, no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. 2 Corintios 9:7. Debemos apoyar el trabajo de Dios generosamente.
Padre Celestial, gracias por tu gracia abundante hacia nosotros. El compromiso al ministerio es una cosa. Apoyo financiero adecuado es otra. Mueve nuestros corazones para dar voluntariamente. En el nombre de Jesús. Amén.
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